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¿Planear o improvisar? Guía para gestionar un negocio de forma creativa

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Aprende a elegir cuándo planear y cuándo improvisar

Te voy a ser honesta. Desde niña, he sido sumamente ordenada. En la escuela, en mis primeros trabajos y ahora, como directora de una empresa, el orden siempre me ha acompañado. Si hay algo que no soportaba era la improvisación.

Y entonces, la vida me puso en mi lugar. Estar al frente de una compañía con más de mil colaboradores, ser mamá de tres niños y, además, estar casada, me hace vivir en la eterna improvisación.

Sé que suena contradictorio: ¿por qué si soy tan ordenada me la paso ejecutando de forma improvisada? Es por eso que quise escribir este artículo. ¿Es mejor planear que improvisar, o hay una manera de hacer ambas cosas de manera estratégica?

Vamos entrando en materia.

Planear es bueno, pero no siempre lo mejor

Desde muy chicos, nos enseñaron que una persona organizada es la que llega más lejos. Y sí, hay algo de cierto en eso. Planear reduce riesgos, ayuda a priorizar y le da dirección a tu vida.

Pero también, he visto algo muchas veces: equipos que planifican bien pero se paralizan en cuanto algo cambia.

El plan sirve para arrancar, pero nunca debes aferrarte a él. Es tu capacidad de ajustar el plan lo que define quién gana en el terreno de los negocios.

Y hablo de los negocios porque es mi ámbito, pero aplica para cualquier aspecto de la vida. Sí, incluida tu relación con tu esposa, con tu novio o con tu jefe de trabajo.

 

Aprende a improvisar en el trabajo

La improvisación no es llegar a tu trabajo sin saber qué vas a hacer, sino estar abierto a nuevas ideas, a mejoras en el plan y a las posibles cancelaciones de planes.

Es un sistema muy fino de atención, colaboración y respuesta. Y cuando lo entiendes, te das cuenta de que improvisar puede ser muy práctico.

Estas son algunas ideas que más me han servido.

1. Aprende a decir “Sí, y…” en lugar de “No, pero…”

La regla básica de la improvisación es sencilla: cuando alguien propone algo, no lo cancelas de entrada. Lo tomas y construyes sobre eso.

En los negocios eso vale muchísimo. Muchas ideas se mueren demasiado pronto porque lo primero que hacemos es encontrarles un defecto. Y una cosa es cuestionar con criterio, pero otra es frenarlas solo porque "ya tengo un plan hecho".

No se trata de aceptar todo. Se trata de que el primer impulso sea construir. Aquí te dejo un video donde hablo sobre esta obsesión mía por encontrar el "cómo sí".

2. Escuchar en serio

Los buenos improvisadores (vamos a llamarles así) no están esperando su turno para hablar. Están presentes. Escuchan de verdad. Y eso es un buen hábito que, si no tienes, te aconsejo que lo construyas desde YA.

La persona que sabe escuchar detecta matices, entiende mejor y toma buenas decisiones. Pero, sobre todo, detecta dónde hay espacio para la improvisación. 

Más que escuchar, se trata de "escuchar entre líneas", es decir, detectar dónde puedes intervenir con ideas disruptivas, mejoras y hasta cuestionamientos. 

 

3. Lucha contra el "así se ha hecho siempre"

Ya lo he dicho varias veces: el peor enemigo de la innovación es defender el estatus quo. En la casa, por ejemplo: puede ser que te guste cómo se ven los trastes acomodados de tal forma. Pero si tu pareja o tus hijos sugieren una nueva ubicación, no lo veas como desorden. 

Muchas ideas que tenemos como "bien planeadas" no tienen fundamento. A menos que tu casa se caiga a pedazos si cambias de lugar esos trastes, te aseguro que esa leve modificación no te va a afectar. Y, en cambio, puede hacer felices a otras personas de la casa. 

 

¿Cuándo es bueno improvisar?

Creo que es momento de que hablemos de la intuición. Escucha tu intución, ya que es una brújula que te dirá cuándo aferrarte a una idea y cuándo es mejor desecharla y construir desde abajo. 

Aquí te propongo una breve guía para aprender a confiar en esa vocecita en tu cabeza:

SÍ confía en tu intuición:

  • Cuando ya viviste situaciones parecidas y tienes referencias reales.
  • Si necesitas decidir rápido y no existe tiempo para un análisis más amplio.
  • Cuando los datos no son concluyentes.
  • O si hay algo que no termina de hacer sentido, aunque todavía no puedas nombrarlo bien.

 

NO te bases en tu intuición:

  • Si estás frente a una decisión financiera de alto impacto y no tienes antecedentes comparables.
  • Cuando estás demasiado involucrado emocionalmente.
  • Si estás en un terreno completamente nuevo para ti.

Hoy, después de más de 30 años trabajando, ya lo sé. Los mejores líderes no viven peleados entre los datos y la intuición. Usan ambos. Contrastan. Ajustan. Leen una cosa a la luz de la otra.

En resumen

Planear o improvisar es una falsa disyuntiva. Necesitas las dos.

Por un lado, necesitas la disciplina para pensar bien antes de actuar. Y necesitas la soltura para corregir sin drama cuando el contexto cambia.

Necesitas formar intuición, afinar criterio y construir equipos que puedan moverse con seguridad incluso cuando no tienen todas las respuestas.

Los negocios que perduran no se ejecutan como un guion cerrado: se construyen en tiempo real.

Si necesitas que te acompañe en estas decisiones, suscríbete a este blog y sígueme en mis redes sociales. Ahí publico contenido que te puede orientar en tu día a día para ser un mejor profesional.

¡Nos leemos pronto!